Crónicas de Cocoland: El génesis de la escasez.
Quisiera
hacer un llamado a la solidaridad.
Cualquiera, que disponga de franelas, nuevas o en buen estado, de
cualquier grupo y factor, favor de acercarlas a Cocoland Park, ya que sus
empleados realizan sus tareas de limpieza con las últimas disponibles en
stock. Voy a explayarme un poco más
sobre este episodio.
El
lunes 16 de julio, se dispuso una limpieza general del parque, hecho que relaté
anteriormente. El detalle curioso fue,
el faltante de franelas y líquido limpiador multiuso. En el depósito quedaban exactamente 1 y ½
franelas. Con un tijeretazo obtuvimos
3. Imagínense limpiar alrededor de
treinta y pico de máquinas con tres trapos de mierda y con media botella de
limpiador líquido. A esta altura creo
que la Casa
central de la empresa -ubicada en la provincia de Córdoba- ya habrá mandado un
lote nuevo de esa tela tan noble, que según mis cálculos deberían hacerlas durar
hasta el 2027 aproximadamente, capaz que más… dependiendo de cuántas veces
el presidente de la empresa, vuelva a
visitarnos.
El
asunto es que las franelas, según mi criterio de ama de casa experimentada, ya
tendrían que pasar a disponibilidad. Ni
que hablar de las que ya existían, las cuales, increíblemente, aún siguen
colgadas en sus respectivos ganchos esperando que algún daltónico confunda el
negro… con el anaranjado.
Otro
utensilio con el que me he familiarizado en estos últimos días fueron las
escobas cortas con palitas. Son bastante
útiles… y creo que lo serían aún más, si
tuvieran cerdas. Algo que también
corroboré es que limpiar el salón con
agua sucia tiene el mismo resultado que hacerlo con agua limpia.
Pero
bueno, ya dejemos los asuntos mínimos a un lado y ocupémonos del personal
“estable del lugar”.
De
los tres supervisores que tengo -gracias a Dios, de a uno por vez- hay uno que
no soporto. Cada vez que me ve, debo ir a limpiar. Siempre me está corrigiendo todo. Si no es
que estoy cruzada de brazos – se la considera una postura antipática para el cliente-, tengo
el prendedor sobre el bolsillo -lo cual no debe ir ahí, sino arriba
del bolsillo- y sino, me manda a pasar el plumero arriba de la escalera ¿Será para tenerme fuera del campo visual? Resulta que este señorcito es muy
quisquilloso para mi gusto. Les juro que
trato de poner mi mejor cara, no por querer agradar, solo es para que no se dé
cuenta de lo que me disgustan las tareas de limpieza y se le ocurran otras peores.
Si
vamos a la parte positiva del asunto (no me pegué un palo en la cabeza, hay
partes buenas), durante la mañana tengo tiempo para pensar en mis cosas, ya que
no hay mucho para hacer; solo paseo por el salón y me dedico a observar a los pocos clientes que ilustrarán el siguiente
capítulo de mí crónica.
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