martes, 7 de octubre de 2014

Laberinto


Laberinto



De lunes a viernes, viajo hacia mi trabajo.  Generalmente, tardo dos horas hasta llegar allá.  Mi meta, todos los días, de un tiempo hacia acá, consiste en sobrevivir ocho horas a una rutina sin aliento. Se trata de jugar al laberinto, tan igual y tan diferente todos los días.  Resignada a encontrar los mismos personajes y problemas, sencillamente rendida a no querer solucionar las conductas de los demás, porque fueron catalogados de “gente que no cambia más”.  Y aun, sabiendo todas estas “verdades indiscutibles”, muchas oportunidades he llegado a un pasillo sin salida, enredada en pretender torcer la opinión de otras personas.

No encuentro otro pasaje por donde escapar, sencillamente debo retroceder…y marcar con una cruz, que me indique “este camino no conduce a nada” o por lo menos… decir “este camino conduce a una pared, por si algún día quieres darte la cabeza contra ella”.

Tanto recorrí los laberintos, que me he dado cuenta, a pesar de ser tan similares, algo hace que no sean idénticos.  Es así, como un día descubrí musgo en sus paredes y pensé, algunos seres, son tan valientes, al intentar desarrollarse en lugares adversos…

Después de meses, dejé de marcar con cruces los pasillos sin salidas.  Me di cuenta, el sin sentido de recordarme los malos momentos.  Entonces comencé a marcar los pasillos por donde crecía el musgo.  Trataba todos los días de pasar por allí, aunque no condujeran a la salida de las 17 horas. 

Pasó un tiempo, para descubrir que junto al musgo, se desarrollaban otras plantas. Esperé mucho tiempo, fueron semanas.  Para mi sorpresa, se trataba de plantas hermosas, de flores dulces y hojas fuertes.  Incluso, había días en que se notaba su regocijo al escucharme llegar. Y otros días, donde necesitaban agua y que las acompañen.

 

De repente, entraba al laberinto diario, pensando sólo en saludarlas, preguntando si estarán bien, si disfrutaron del fin de semana, en definitiva, ¿cómo se encontrarán?

Por tantos pasillos, encontraba seres maravillosos, transformando mi peregrinación en paseo. Ofreciendo sus formas ornamentales al paisaje repetido de un día más aquí.

En la soledad de mi escritorio, comencé a hablarles, más allá de los recibos y los cheques.  Convirtiéndose en una grata sorpresa para tanto pesar, al oír  sus respuestas.

Descubrí, al escucharlas atentamente, de la existencia de otros laberintos.  Eran como universos paralelos… en donde yo era la hierba silvestre que creció en el hueco de un ladrillo flojo…

Y vi, desde mi pared, a las mujeres que recorren el laberinto todos los días, pasando por el pasaje donde permanezco aferrada por mis raíces,  sólo para saludarme, o saber cómo estoy…

Quizás, no sea como las plantas más fuertes, pero al existir y desarrollarme en ese paso del laberinto, hago de esos cuantos metros, un lugar único, indicándoles las salida… indicándome la salida.

 

 

 

1 comentario:

  1. Hola. Este cuento lo escribí hace 5 años más o menos. Como siempre, la administración está en mi vida y en mi corazón.

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